Se entiende por varicocele la dilatación de las venas que drenan la sangre de los testículos a través del cordón testicular.

Su origen se debe a una falla en el retorno venoso, frecuentemente en el lado izquierdo, ya que la vena espermática entra en la vena renal izquierda en “T” (90°) ejerciendo una resistencia elevada para el sistema,lo que favorece el reflujo. Diferente es la situación de la vena derecha que es más corta y desemboca en la vena cava en ángulo, dificultando que se produzca esta anomalía a ese lado, ya que se ejerce menos resistencia. Este fenómeno se observa más en la adolescencia y a partir de los 10 años, con una incidencia del 15 por ciento. Aunque no existe una causa específica, a contar de esa edad el desarrollo testicular hace que exista un mayor flujo venoso, y por lo tanto, se pueden desarrollar este tipo de irregularidades.

La mayoría de los niños que consultan al urólogo infantil y son diagnosticados de varicocele refieren dolor opresivo y pesadez testicular, en especial después de hacer ejercicios tales como jugar fútbol o andar en bicicleta. Sin embargo,. existen tres grados dependiendo de la severidad de la inflamación que se observe.

El primero, se caracteriza por ser casi asintomático y se detecta sólo a través de un examen de rutina en la consulta del médico. El segundo, se manifiesta con las venas algo dilatadas ya sea de pie o acostado, después de ejercer algún tipo de fuerza. El tercer grado es el máximo y puede observarse a través de una autoexploración. En esta situación se ve y siente una masa en el escroto y las venas están dilatadas asemejándose a una “bolsa de gusanos”.

En casi la totalidad de los casos, el varicocele tiene indicación quirúrgica. No obstante, en caso de estar frente a uno asintomático, en el que a través de una ecografía se comprueba que los testículos crecen simétricos en forma normal, puede haber sólo un seguimiento de parte del urólogo infantil quién no recomendará cirugía, a menos que se frene el crecimiento del lado afectado o aparezca dolor. Sin embargo, aquellos niños o adolescentes con varicocele sintomático, que tengan asimetría testicular y los de alto grado, dolorosos, deben ser operados para evitar complicaciones, e incluso, posible infertilidad. Se pueden operar en forma tradicional, haciendo una incisión paralela a la cresta ilíaca, o a través de laparoscopía.

La cirugía consiste en  ligar y seccionar las venas espermáticas para evitar que tengan retorno venoso. El testículo no muere al fortalecer las otras vías de irrigación con las que cuenta. Estas son: irrigación del gobernáculo y las venas que acompañan el deferente. Al seccionar estos conductos el flujo deja de estar presente, pero toda la sangre que entra a los testículos tiene retornar al sistema, por eso el organismo fortalece las vías alternativas.

Las complicaciones de la cirugía son básicamente dos: recidiva e hidrocele. La primera, consiste en la factibilidad de que vuelva a aparecer la dilatación venosa. Esto se debe a que, probablemente, alguna vena que no fue seccionada, por ser difícil de observar. La solución consiste en volver a operar, pero la manera más eficiente de resolver esta la complicación es a través de la intervención de un radiólogo que sella esa vena y otras posibles, que podrían haber pasado desapercibidas. De esta forma se evita que reaparezca el varicocele. La segunda complicación es el hidrocele, que consiste en que se “llene de agua” alrededor de los testículos debido a que al seccionar las venas también se hayan cortado los vasos linfáticos. Estos son los responsables de drenar la linfa, por lo que al no tener cómo salir de esa zona, se acumula alrededor del testículo. En caso de que se produjera un hidrocele se puede esperar 6 a 8 meses para que el líquido se reabsorba solo, si esto no pasa, la recomendación es quirúrgica. Las complicaciones del varicocele son alrededor del 10 al 15% ya sea la recidiva o hidrocele. De las dos, la más común es la última.

Dado que la intervención de varicocele es simple y ambulatoria, el post operatorio es poco molesto y corto. El niño podrá retomar su actividad normal de clases después de 5-7 días con cuidados mínimos de reposo, sin ejercicios por 3 semanas, y asistiendo a controles post operatorios hasta unos 3 meses post cirugía para evaluar posibles complicaciones tardías. Una vez solucionado el cuadro, el pronóstico es bueno.

 

 

pedrojose@cirupedia.cl

 

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