Según cifras de estudios europeos (EUROCAT) se estima que las alteraciones en la formación fetal alcanzan el 1 por ciento del total de embarazos. De éstas, las del Tracto Urinario corresponden a un 20 por ciento. Dentro de las anomalías renales que afectan al feto y al recién nacido, la Hidronefrosis, o dilatación de los sistemas renales excretores, es la más común.  Actualmente, y gracias a los avances tecnológicos  de la ecografía obstétrica, que entregan imágenes muy nítidas, se puede detectar con certeza la dilatación de uno o ambos riñones.

El diagnóstico antenatal muestra que muchos riñones están dilatados intrauterinamente, lo que no necesariamente significa que haya que operarlos porque estén alterados. En épocas pasadas, la Hidronefrosis no se conocía hasta que los niños, a los 3 o 4 años, referían dolor y/o infeccion y se les hacía una ecografía. Para ese entonces, los órganos ya se observaban como una masa de gran tamaño, muchas veces sin función, y éstos se perdían. La ventaja del diagnóstico precoz que brinda la tecnología es que hoy se pueden salvar producto de un seguimiento exhaustivo durante el desarrollo. De esta manera, los niños que presenten más complejidades terminarán operándose, mientras que, para la mayoría, sólo significará tener un riñón más dilatado que el otro, tal como algunos tienen orejas, pies u ojos más grandes que su contralateral y eso no los afecta en su vida cotidiana.

Las causas de la Hidronefrosis se pueden dividir en dos:

Intrínsecas: Corresponden a aquellos casos en los que el uréter (vía urinaria que transporta la orina del riñón a la vejiga) no se tubularizó durante el desarrollo embrionario.

Extrínsecas: En estos casos, la Hidronefrosis se produce por la aparición de bandas de tejidos que hacen que se comprima el uréter. Otra causa por la que puede desarrollarse, es debido a la aparición de vasos sanguíneos anómalos que irrigan el polo inferior del riñón desde una posición por debajo de su ubicación habitual, lo que produce que la pelvis renal se doble por sobre el vaso y no se pueda vaciar normalmente, en esa situación, se debe operar.

Frente al hallazgo de dilatación del riñón es importante precisar la magnitud de ésta y la edad gestacional del diagnóstico. La medida pronóstico actual es el diámetro anteroposterior de la pelvis renal. Aquellas dilataciones mayores a 4 mm antes de las 33 semanas de gestación o a 7 mm a partir de esta fecha significan un riesgo mayor, calculándose que el daño renal producido es directamente proporcional a la dilatación e inversamente proporcional a la semana de gestación. En teoría, la dilatación de un riñón al nacer debiera medir cero, pero hoy, debido a la calidad de los equipos ecográficos y a la técnica precisa de los profesionales, se pueden apreciar dilataciones que eran casi imperceptibles para equipos antiguos, entonces, la medida cero corresponde a diagnósticos que se realizaban con instrumental de hace 20 años, pero, tal vez, con la tecnología actual la mayoría de los niños presentarán algún grado de dilatación, lo que no es preocupante en tanto se mantengan dentro de las medidas estándares.

El tener un riñón dilatado no es sinónimo de compromiso serio del órgano, ni siquiera de que esté necesariamente obstruido el paso del uréter, pero si a ese hecho se le suman otros factores como el compromiso de ambos riñones, poca cantidad de tejido renal o parénquima, escaso líquido amniótico (compuesto entre otros elementos por orina del feto) el pronóstico va empeorando. A veces, cuando hay otras malformaciones del tracto urinario, o del aparato digestivo, es común que aparezca hidronefrosis, sin embrago, la gran mayoría sólo presenta esta dilatación.

Ante las expectativas de un diagnóstico prenatal complejo, lo ideal es que el embarazo sea tratado de forma multidisciplinaria para poder así ofrecer las mejores expectativas. Así, con la participación de los ginecólogos, obstetras y neonatólogos se podrá determinar si es conveniente adelantar la fecha del parto, y la manera más adecuada de realizarlo, considerando tanto las características de la madre como el grado de inmadurez que pudiera presentar el recién nacido. Además, se deben involucrar genetistas, para descartar problemas de esa índole; urólogos, que resolverán el problema renal y nefrólogos, que determinarán la necesidad de diálisis y otros tratamientos. No obstante, en la gran mayoría de los casos, y cuando sólo se observa una dilatación, basta con una visita prenatal al urólogo infantil quién explicará la situación invitando a los padres a tranquilizarse y a mantener la observación, para que una vez que ese niño nazca puedan seguir los pasos recomendados según cada caso.

 

 

pedrojose@cirupedia.cl

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