Es habitual que un niño se caiga a diario. Dependiendo su edad del niño, la cantidad de energía involucrada va aumentando junto con el peso y el tamaño. Cerca de los 5 años, la cantidad de energía, solo producto de la caída, puede empezar a provocar algún daño, si además agregamos los factores trepar y saltar. La energía potencial adquirida por el efecto altura puede liberarse bruscamente frente a un salto o caída, provocando una lesión mayor. Es así, como algunos de los siguientes conceptos generales le pueden ayudar a decidir si vale la pena o no consultar a un médico o sistema de urgencia.

  1. La cabeza: los golpes en esta región siempre producen una preocupación especial. La cabeza tiene una cubierta ósea, o cráneo, que protege al cerebro de golpes directos, sin embargo, la transmisión de energía puede sacudir el cerebro dentro del cráneo produciendo problemas.

En niños menores de 2 años, que no tienen lenguaje confiable como para decir cómo se sienten, o dónde les duele más, todo golpe en el cráneo debe producir preocupación, especialmente las caídas de altura como desde un mudador, la silla de comer o, cada vez más frecuente, desde el carrito del supermercado. Cabe describir el mecanismo tipo de la caída del carro del supermercado, que parece tan estable. Un adulto acude a comprar con 2 niños, uno pequeño y otro mayor de 3 años, el pequeño en el carro y el mayor caminando. Una vez lleno el carro, el niño mayor intenta alcanzar algo que está dentro de este o, simplemente, por jugar, se sube por uno de los lados y el carro se voltea como un bote, golpeando la cabeza del niño menor contra el suelo con todo el arco del extremo alto.

Especial consideración merecen los golpes que producen pérdida repentina de la consciencia: el niño se golpea y queda como durmiendo, diferente al desmayo, que puede producirse por dolor o miedo unos segundos después del golpe. Si el niño queda inconsciente, aunque sea por unos pocos segundos, debe ser evaluado en un Servicio de Urgencia, lo mismo si un rato después del accidente se hace evidente que el niño no recuerda lo ocurrido. Estos dos eventos, inconsciencia o pérdida de memoria del evento, aumentarían considerablemente el riesgo de complicaciones después de un golpe en la cabeza.

Si tiene dudas al respecto, es preferible que consulte.

En niños mayores de dos años, los golpes en la cabeza tienden a ser simples y a producir nada más que un susto y un chichón en la frente o la nuca. Sin embargo, todo golpe que produzca pérdida de consciencia, de memoria, o alguna conducta inhabitual para la personalidad del niño debieran llevar a los padres del paciente a consultar un médico. Otro signo ocasional en la práctica de urgencia es la aparición, al segundo o tercer día, en niños de entre 1 y 3 años, de un hematoma o cototo amplio y blando al tacto como una fruta madura. Este tipo de hematomas frecuentemente traduce la presencia de una fractura del cráneo. Especial cuidado cabe con aquellos golpes que producen problemas una o más horas después del golpe, en que el dolor de cabeza sea “cada vez peor”, o que los vómitos, sean cada vez más frecuentes, debieran ser signos de alerta y llevar a consultar.

Si tiene cualquier duda al respecto, es preferible que consulte.

Las extremidades: Los golpes en las extremidades pueden ser de causas muy variables, desde caídas en bicicleta hasta torceduras corriendo, pasando por torsión de los dedos especialmente en juegos o peleas. Como regla general todos los golpes que produzcan aumento del tamaño de una articulación, (tobillos, rodillas, dedos y codos) o “huevos o cototos” en segmentos como antebrazos o piernas deben ser evaluados. Lo mismo cuando el dolor por el golpe produzca imposibilidad de mover la extremidad más allá de media hora después del accidente. Un intento de calmar el dolor con analgesia corriente es razonable, sin embargo, si hay aumento del tamaño, coloración violácea o verdosa de la piel, o dolor intenso al tocar la zona afectada, el paciente debiera ser visto por un médico al menos.

Los dedos son especialmente traicioneros en cuanto a la relación de la cantidad de dolor y seriedad de la lesión. Hay en nuestra comunidad niños que si bien tienen dolor, pueden aguantarlo y seguir jugando con un dedo fracturado, aunque sea difícil de creer, especialmente si de seguir en funciones depende una final interescolar o existe algún evento deportivo importante en las próximas semanas (viajes, “clásicos”, etc.).

Cabe mencionar aparte la lesión del codo por estiramiento y supinación en niños de entre 1 y 5 años. Este fenómeno conocido como Pronación Dolorosa, es frecuente así como también lo es que esta “salida” del codo se repita en un mismo niño, no necesariamente en sus hermanos, incluso en el otro codo.

Se produce porque los ligamentos de su codo todavía son mas elásticos que resistentes, y asociado a su incremento de peso permiten la subluxacion elástica de esta articulación. (En este período suben de 10 a cerca de 20 kilos de peso) asociado a un nivel de actividad física considerable.

Si le ocurre que su hijo(a) queda con el codo inmóvil y llorando, o le muestra el codo y el antebrazo en una posición como si tratara de mostrar el borde del dedo meñique de la mano, sin poder elevar el brazo, entonces acuda a un servicio de urgencia, NO acuda a componedores, práctica tradicional, folclórica de nuestro país, supuestamente abandonada por lo avanzado de las épocas, pero de haber sido abandonada no lo estaría advirtiendo, ¿o sí?.punto

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