La apendicitis aguda es un cuadro doloroso abdominal que puede presentarse en cualquier momento de la vida. Primero, el dolor es difuso y luego, después de unas horas, se hace fijo en la parte baja del abdomen a la derecha. Las náuseas y vómitos son frecuentes, pero no constantes, y la fiebre no es parte de la enfermedad, pero en la medida que esta avanza aparece como parte de la peritonitis apendicular.

El diagnóstico se hace en el servicio de urgencia o en la consulta del médico en base al cuadro clínico descrito, además del examen físico, pero se confirma con una ecotomografía abdominal que, poco a poco, se ha instalado como una herramienta estándar en la confirmación pre operatoria de la apendicitis en pediatría.

Es una enfermedad que se trata con cirugía, la que consiste en remover el apéndice y cerrar su comunicación con el ciego. Esta puede ser hecha por vía tradicional o laparoscópica, convirtiéndose esta última en la vía de elección desde hace unos años, debido a las ventajas en cuanto a intensidad del dolor postoperatorio, menor cantidad de cicatrices, mejor recuperación de las heridas y una menor incidencia de obstrucciones intestinales a lo largo de la vida.

Al momento de la cirugía se pueden enfrentar dos escenarios clínicos diferentes: uno en el que el apéndice no esté perforado o, que por el contrario, esté perforado. Dependiendo de la presentación cambiará la frecuencia de las complicaciones, necesidad de antibióticos y duración de la hospitalización, tal como se ve en la siguiente tabla.

Complicaciones infecciosas Tratamiento antibiótico Hospitalización
Apéndice No perforado 5-8% 24 hrs 24 a 36 hrs
Apéndice perforado 25-30% 5 a 7 días 3 a 7 días

 

La cirugía laparoscópica puede realizarse a través de un puerto único, también conocida como SILS. En esta, solo se usa la cicatriz umbilical como acceso para extraer el apéndice y luego se cierra, dejando una marca al fondo del ombligo, la que luego de un par de semanas no se distingue de la original, es decir, el paciente queda sin defectos en la piel. Lamentablemente, esto es factible en aproximadamente un 70% de los casos, dado que el 30% restante necesita otros accesos para hacer un buen aseo, o para liberar el apéndice de una posición inhabitual. En ese caso, él o la paciente, además del acceso umbilical, va a tener otros en la línea superior del pubis

Finalmente, el apéndice debe ser estudiado al microscopio, es decir, debe ir a biopsia para determinar la causa de la apendicitis. Dentro de ellas es frecuente que se encuentre una de las siguientes:

  1. obstrucción por fecalito (piedrita similar a un cuesco de aceituna, conformado por deposición seca y dura)
  2. obstrucción por hiperplasia de los folículos linfoideos, similar a como crecen las amígdalas en un cuadro de amigdalitis. Los folículos presentes en el espesor de la pared del apéndice se hinchan y se topan unos con otros cerrando el lumen o “túnel” del apéndice.
  3. Obstrucción por parásitos. El más frecuente de todos es el Enterobius Vermicular u oxiuro conocido popularmente como piduye. Él puede reproducirse dentro del apéndice, formando un ovillo que tapa el lumen, desencadenando la apendicitis. Antes era más frecuente, pero hoy es cada vez menos común debido a que se ha aumentado el cuidado en la higiene de las manos.

Las complicaciones pre operatorias de una apendicetomía incluyen el componente infeccioso del cuadro que puede comprometer intensamente al paciente producto de la deshidratación e, incluso, producto de sepsis al momento del diagnóstico. El retraso en la certificación aumenta la probabilidad de que se agrave la infección. Dentro de las complicaciones post operatorias se encuentran los abscesos residuales, la infección de la herida operatoria y la obstrucción intestinal.

El pronóstico de la apendicitis aguda es excelente en pediatría. Las tasas de complicaciones en apendicitis no perforadas alcanzan un 2 a 8% y un 20% para aquellos casos en los que se presenta el apéndice perforado. Una vez que se realiza la apendicetomía, el paciente enfrenta rápidamente una mejoría evidente, pudiendo reincorporarse a sus actividades básicas pocos días después y, a las deportivas, 2 o 3 semanas post cirugía.

 

 

patricioherrera@cirupedia.cl

 

Agregar un comentario

Su dirección de correo no se hará público. Los campos requeridos están marcados *